Nuevo ordenamiento del Parque Nacional Yasuní

Las 50.OOO hectáreas que se añaden al ZI se reparten en cuatro pedazos discontinuos y tirados a voleo pero estratégicamente sembrados de acuerdo a los mapas presentados por el ministerio de Hidrocarburos, que parece ser el que manda en estos temas: tres en la zona Sur-oeste del Parque, a lo largo de la carretera Aucas y uno al Este del Parque en la frontera peruana. Por estas artes cartográficas, el pueblo de Nuevo Rocafuerte, cuna del Sr. Presidente Lenin Moreno, se habría convertido en un pequeño pueblo de indígenas ocultos, no contactados que se mantienen en aislamiento voluntario, en una zona intangible (Telégrafo, octubre, 2o17). ¡Incongruencias que confunden! Rocafuerte está dentro del Parque.

El aumento de 50.000 hectáreas es un nombre. Lo que se añade es el nombre de ZI que se da a unos territorios dentro de un Parque que tienen los mismos fines (albarda sobre albarda). De hecho, la zona de explotación petrolera en el Parque disminuye de 1.030 hectáreas a 300, pero también esas 300 has. son territorios por los que transitan los pueblos no contactados y son intangibles por constitución. Estos modos geográficos de legislar, lo que hacen es confundir a la opinión pública que desconoce la geografía del yasuní. Nada se añade ni se quita.

Las 50.000 hectáreas ya estaban en el Parque Nacional Yasuní con su área de amortiguamiento y eran zonas vedadas a todo tipo de explotación. El objeto específico de la ZI sería la protección especial de los pueblos en aislamiento que no se cumple. Las áreas no se pueden determinar “a ojo de buen cubero” ni geográfica ni imaginariamente. El Sr Pérez indica que “hemos tenido que buscar áreas adyacentes a la zona Intangible para que puedan crecer” sin molestar al petróleo. Por eso la ZI y el achicamiento del área de explotación es una metáfora. Un modo de tratar a los territorios y a los ciudadanos que en ellos habitan, según los intereses petroleros.

Muchos avistamientos y accidentes mortales con los pueblos ocultos se dan “fuera” de la zona intangible, pero dentro del Parque Nacional Yasuní, en el que está vedada toda actividad extractiva y colonizadora. No se indica si ese “fuera o dentro” son datos aislados o son continuos. Es necesario entender el término nómada. ¿Cómo están concebidos sus territorios, sus patrones de movilidad, sus espacios de cacería y sus tierras ancestrales, sus chacras y sus caminos? Culturalmente son circunscritos, pero han sido empujados por el avance petrolero y colono hacia otros territorios enemigos. ¿Es aún posible trabajar una propuesta territorial que les permita vivir y desarrollarse en paz y con cierta seguridad, sin ser invadidos por el modelo de desarrollo y la modernidad de la sociedad occidental?

El miércoles 7 de diciembre de 2018, a cuatro días de ser votada y aprobada la Consulta popular, el gobierno anuncia la conformación de una comisión integrada por los ministerios de Ambiente, Hidrocarburos y Justicia, para que en un plazo de seis meses se determine una nueva delimitación de la zona intangible del Parque Nacional Yasuní. Se considera que esta comisión que huele “a juez y parte”, no representa al control ciudadano, se debería establecer “una comisión mixta que convoque a representantes de la sociedad civil”. Sería lo más apropiado, dicen los yasunidos. Según el ministro de hidrocarburos, “por ahora no está en plan la participación de otros representantes” (EL Comercio, 17 de febrero); aunque el decreto invite “a la sociedad civil a que proporcione información para la nueva delimitación de la ZI” (Decreto No.314, 16 febrero del 2018) .

Esta pregunta sobre el Yasuni, sin una comprobación técnica, como dicen los yasunidos es la constatación de un trabajo cartográfico, hecho a la buena de Dios, que dibuja un plano en el que se ubican espacios que se acoplan a ideas predeterminadas. Reflejo de una sociedad que tiene dificultad de interpretar las relaciones complejas entre actores nómadas, los recursos de sus propios territorios y una sociedad que no acepta la ayuda de la realidad, no acepta los derechos humanos y cae en los brazos de una política económica extractivista. ¡El mapa refleja lo que la consulta quiere!

Hablar en la actualidad de zonas intangibles en la selva amazónica nos lleva a describir una tragedia humana y ecológica que se está perpetrado con particular saña desde la época del caucho hasta la presente era del petróleo. Ante la indiferencia y complicidad de todos, el círculo de exterminio de vidas humanas y del medioambiente se va cerrando con la desaparición de las últimas áreas prístinas del bosque, del agua y aire incontaminados, de los árboles de madera noble, de la fauna y la flora exóticas, del mismo petróleo que con tanto afán lo vamos explotando y de la desaparición misma de los contados grupos de habitantes libres de la selva, aun antes de haberlos conocido e inventariado.

En la selva poco se construye y mucho se destruye. No se trataría de capacitarnos teóricamente para un manejo sostenible y equitativo de los recursos naturales y de los derechos humanos, sino de una capacitación ética e inteligente para ejecutar actividades coherentes y de sentido común sustentados en la verdad, la nobleza de corazón y la justicia. Evitando a toda costa la corrupción y la retórica, tenidas actualmente como el ADN de la vida política, institucional y las relaciones sociales.

“Las Zonas Intangibles son espacios protegidos de gran importancia cultural y biológica, en los que no pueden realizarse ningún tipo de actividad extractiva, debido al alto valor que tienen para la amazonia, el Ecuador, el mundo y las presentes y futuras generaciones” (febrero, 1999, Quito). Se han creado con la finalidad de tutelar los derechos territoriales de los pueblos indígenas denominados tagaeri-taromenani en aislamiento “voluntario” (PIA). En el año 2004 se constituye la comisión técnica encargada de delimitar la zona intangible de 758.051 Has. Ocho años después de su creación comienza a ejecutarse (enero 3, 2007) con un resultado final lleno de incongruencias cartográficas insolubles. Para estos pueblos el aislamiento no ha sido una opción voluntaria, sino una estrategia de supervivencia.

La ZI, según la Constitución y los convenios internacionales, exige además del reconocimiento, respeto y apoyo a los derechos colectivos, el mandato constitucional de los derechos territoriales, de sus recursos y de la naturaleza, entendida como sujeto propio de derecho. Siguiendo a Miguel Ángel Cabodevilla entendamos el significado de los términos que usamos cuando nos referimos a estos pueblos:

1.Pueblos en aislamiento voluntario: es un término equívoco, inadmisible y excluyente, porque de ninguna manera están en aislamiento voluntario, sino oprimidos y “descartados” por mantener su autodeterminación frente a un estado colonial excluyente.

2.Pueblos no contactados: también es un término equívoco, pues siempre han estado en contacto con los pueblos vecinos afines. Ciertamente que en relación a “nuestra civilización” el contacto ha sido extremadamente catastrófico: la conquista, el robo de sus territorios y recursos, la violencia y la muerte.

3.Pueblos ocultos: puede ser una denominación aceptable. No porque se ocultan de nosotros, sino porque no sabemos ni mirarlos ni verlos. Nuestra percepción de ellos, en el mejor de los casos, es romántica, rousoniana, folklórica, paternalista o, a lo mucho, proteccionista (protectorados, reducciones). Generalmente es racista y los ubicamos entre los salvajes y asesinos. Situaciones que no permiten verlos como humanos y a sus territorios los declaran baldíos. Más que un conocimiento o un saber de ellos, aunque sea académico, supone de nuestra parte ignorancia, desinformación, retórica, pobre estima y superioridad racial.

P. José Miguel Goldáraz

1703999019

Rocafuerte y 6 de Diciembre
Francisco de Orellana (Ecuador)
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